El camino hacia un estilo de vida sostenible no es sencillo, pero cada día se está haciendo más necesario. La forma en la que estamos tratando a nuestro planeta está produciendo daños cada vez más difíciles de reparar. Los cambios que está sufriendo a causa de nuestros actos son tan evidentes que cada vez son menos los negacionistas del cambio climático.

Para cambiar este devenir de los acontecimientos, debemos empezar por cambiar nuestra forma de consumir. En este camino hacia un estilo de vida sostenible nos encontraremos con muchos obstáculos y muchas críticas. Sobre todo, con muchas contradicciones con las que hemos de aprender a vivir.

Un estilo de vida sostenible y ecológico se sustenta sobre 4 puntos esenciales

Minimizar el consumo

Uno de los conceptos claves se basa en consumir sólo productos que realmente nos hagan falta.  Antes de comprar piensa siempre si la adquisición está movida por una necesidad real.

Hay productos plásticos de los que prácticamente en todos los casos podemos prescindir. Un ejemplo pueden ser las pajitas desechables ¿realmente necesitamos toallitas íntimas, toallitas desmaquillantes o toallitas para limpiar el baño?

Una vez que hayamos hecho este planteamiento y valorado que se trata de una necesidad real, debemos buscar productos que duren el mayor tiempo posible. Por suerte, cada vez son más las normativas que van en esta dirección, regulando la llamada “obsolescencia programada”.

En este sentido, la Unión Europea ha aprobado recientemente una normativa del “derecho a reparar”. Esta norma obligará a los fabricantes de electrodomésticos a facilitar repuestos durante 10 años después de la compra del producto. Esta normativa entrará en vigor en 2021 y acabará con el problema con el que todos nos hemos encontrado alguna vez: tener que comprarnos un producto nuevo únicamente porque el que tenemos tiene una pieza rota que ya no se fabrica.

Reducir el uso de materiales contaminantes

El material que mayor impacto medioambiental genera actualmente es el plástico. Por lo que un estilo de vida sostenible debe fundamentarse en la drástica reducción del uso de plásticos. Es muy difícil hoy en día reducir a cero el consumo de plástico y no nos debemos desanimar si no lo conseguimos al cien por cien.

Este punto se basa en cambiar pequeñas cosas de nuestro día a día. Un ejemplo puede ser el llevar nuestras propias bolsas de tela para comprar frutas y verduras o usar champú y gel de baño en pastilla. Otro cambio en nuestro día a día que reduce el plástico sería encontrar un supermercado que venda productos a granel. A este tipo de establecimiento se puede acudir con nuestros propios botes de cristal u otros materiales y rellenarlos.

En muchos casos se trata de encontrar materiales alternativos, como envolver la comida en telas de algodón con cera natural especialmente diseñadas para ello, las “food wraps”. Estos materiales pueden sustituir el papel de aluminio o film transparente o usar cepillos de dientes de madera o bambú.

Reutilizar

Existen muchos productos que compramos desechables, muchas veces por comodidad y sin embargo tienen una alternativa reutilizable mucho más sostenible. Un claro ejemplo son las botellas de plástico, que son fácilmente sustituibles por botellas de cristal reutilizables o ecobotellas. En caso de querer utilizar pajitas para las bebidas, también existen pajitas reutilizables de materiales no plásticos, como el vidrio o el metal.

También los pañuelos de papel se pueden reemplazar por los clásicos de tela. Estos se pueden lavar y reutilizar, e incluso existen alternativas reutilizables para los pañales. Los productos de higiene femenina como tampones y compresas también son productos desechables que se pueden sustituir por una copa menstrual de silicona.

En ocasiones, no es posible en nuestro medio (o nos es muy difícil) prescindir del plástico y en estos casos es siempre preferible utilizar al menos productos de plástico reutilizables, como pueden ser los táperes para guardar la comida.

Reciclar para un estilo de vida sostenible

Aunque siempre hay que intentar evitar el consumo de envases no reutilizables, una vez que se ha adquirido uno, hay que reciclarlo correctamente. En el caso del vidrio y el papel, el proceso de reciclado es bastante conocido y relativamente sencillo.

Evidentemente, todo lo que va al contenedor de material orgánico es también fácil de reciclar, siempre que esté dentro de una bolsa de material también orgánico.

En el caso de los plásticos nuevamente la cosa se complica. Existen numerosos tipos de plástico y muchas veces un mismo producto contiene distintos tipos de plástico. Los productos plásticos están etiquetados con símbolo triangular con un número que va el 1 al 7.

Este etiquetado que clasifica los plásticos se creó en los años setenta y ha quedado antiguo.  Cada vez hay más tipos de plásticos que no entran dentro de esta clasificación y por ello reciben el etiquetado número 7.  En el etiquetado número 7 se incluyen todos los materiales no incluidos del 1 al 6 y que no se pueden reciclar.

Sin embargo, tampoco reciclar los plásticos clasificados del 1 al 6 es un proceso sencillo y suelen convertirse en productos que nada tienen que ver con los originales. Además, por motivos de seguridad alimentaria, los envases que contienen alimentos pueden estar reciclados como máximo en un 50%.

Por todo ello, no se pueden reciclar plásticos de manera infinita y el reciclaje aún siendo un punto clave en el camino hacia un estilo de vida sostenible, debe ser el último recurso al que acudir una vez agotados los primeros tres pasos.