Global Footprint Network (GFN), la organización internacional que se ocupa de contabilizar la huella ecológica, publicó hace poco su último informe. Se trata de un estudio sobre la huella ecológica de los paises del mediterráneo. Los resultados del informe son desoladores, no hay ningún país del mediterráneo que cumpla las dos condiciones mínimas para el desarrollo sostenible.Dichas dos condiciones son:

  • Vivir dentro de los límites de la disponibilidad de recursos de un planeta.
  • Satisfacer el bienestar de sus habitantes.

Según este informe, los países del mediterráneo están gastando sus recursos renovables 2,5 veces más rápido de lo que el ecosistema puede producirlos.

En el GFN se usan dos indicadores muy conocidos para medir el impacto ambiental: la huella ecológica y la biocapacidad.

La huella ecológica representa el área de la tierra (cultivos, bosques...) necesaria para generar recursos para cada población y para asimilar los residuos producidos por la misma. La huella ecológica puede expresarse en diferentes escalas: per cápita, por población, por comunidad, etc.El otro indicador, la biocapacidad, es la habilidad de un ecosistema para producir materiales biológicos útiles y para absorber desechos generados por humanos.

El informe en cuestión afirma que la huella ecológica per cápita de los países mediterráneos creció un 54% en los últimos 50 años, es decir, que cada habitante del mediterráneo necesita un 54% más de “área de la tierra” para producir todo lo que consume y para absorber sus residuos. Por otro lado, el GFN concluye que hay una disminución del 21% de la biocapacidad per cápita, es decir, cada hectárea de terreno produce un 21% menos de lo que producía con anterioridad.

El informe menciona como principales causas del aumento de la huella ecológica el transporte, la vivienda no sostenible y la dieta con alto contenido en proteínas. La sustitución de la dieta tradicional mediterránea por una dieta altamente proteica crea una importante dependencia hacia la producción de carne, generando un impacto medioambiental negativo muy significativo. La envergadura de este problema queda reflejada en la cantidad de recursos necesarios en el proceso de producción de carne: para producir un solo kilogramo de carne se necesitan alrededor de 13 kilogramos de alimento y unos 15.000 litros de agua.

Otro problema provocado por el cambio en nuestra alimentación es el aumento de los monocultivos, que conlleva a un empeoramiento de los terrenos debido al desgaste de los nutrientes.

Todos los factores mencionados que han llevado a un aumento de la huella ecológica, han dado lugar a un aumento de la zona productiva requerida por habitante, con un promedio de 0,9 hectáreas del mediterráneo con un pico máximo de 1,5 hectáreas, en comparación con las 0,4 hectáreas de la India, las 0,5 hectáreas de China o las 0,8 hectáreas de Alemania.

Es evidente que necesitamos hacer importantes cambios en nuestro estilo de vida, sobre todo en lo respectivo a nuestras costumbres dietéticas, Etá claro que el modelo de alimentación actual no es sostenible y el artículo de GFN no hace más que demostrar con cifras e indicadores lo que los activistas medioambientales llevan muchos años diciéndonos. En mi opinión, la única solución para por apostar por un consumo sostenible, relanzar la dieta mediterránea, consumir productos de cercanía y, sobre todo, reducir el consumo de carne.